Durante la infancia, muchas dificultades no se muestran de manera directa. El malestar puede aparecer en forma de enfados, bloqueos, miedos, aislamiento, somatizaciones o cambios en la manera de relacionarse.
Por eso, no siempre se trata únicamente de “corregir” una conducta o de hacer que desaparezca lo que preocupa. En muchos casos, lo importante es entender qué hay detrás de eso que está apareciendo y qué puede estar necesitando el niño en ese momento.
El trabajo terapéutico ofrece un espacio adaptado a su forma de expresarse y comprender el mundo, respetando sus tiempos y necesidades.
A partir de ahí, es posible ir dando sentido a lo que ocurre y construir formas más seguras de acompañarlo tanto para el niño como para la familia.
Empezaremos entendiendo qué está ocurriendo y cómo se está manifestando en su día a día, tanto en casa como en otros espacios importantes para él o ella.
A partir de ahí, iremos observando qué puede estar expresando a través de la conducta, las emociones o la forma de relacionarse, para poder acompañarlo de una manera más ajustada.
El proceso se adapta a cada niño, respetando sus tiempos y la forma en la que puede ir sintiéndose seguro dentro del espacio terapéutico.
Hay algunas cosas que conviene saber.